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La primera vez que fuí a Paris aún no había estado en Madrid. Tenía 14 años. Hacía un año del Mayo revolucionario de huelgas de trabajadores que veiamos por la televisión. De aquellos policías con escudos frente a estudiantes lanzándoles cocteles molotov no quedaba nada en aquel verano del 69 y aún era pronto para ver los graffities de Bansky celebrando aquella revolución. Lo más revolucionario de mi viaje, sobretodo visto desde hoy, fue el precio. Los jesuitas de Logroño, muy apañados, hicieron saltar nuestro autobus de colegio en colegio por las autoroutes hasta la rsidencia jesuítica de Versalless. Llevabamos hasta la comida preparada, aún recuerdo la paella en el Bois de Boulogne. De ese modo por 1.850 pesetas -unos 11 euros- fuimos y volvimos, dormimos, comimos y entramos al Mueso del Louvre, a los Invalides a ver la tumba de Napoleon, y por supuesto a Notre Dame o el Sacre Coeur de Montmatre, lugares que en aquellos momentos aún no habían sido mercantilizados. Pero el plato fuert...